Bienvenidos a La Conquista del Estado

Semanario digital de lucha y de información política. Fundado por Ramiro Ledesma Ramos en 1931

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martes, 4 de febrero de 2014

El hermano falangista de Durruti

Cuenta la francesa Simone Weil de sus vivencias en la Columna Durruti que en una escaramuza capturaron a un chico de 15 años que peleaba con los nacionales. «Lo registraron; se le encontró una medalla de la Virgen y un carné de Falange», relata. «Lo enviaron ante Durruti, quien le dio a elegir entre morir o incorporarse a las filas de quienes le habían capturado. Le dio un plazo de 24 horas para reflexionar. El muchacho dijo que no y fue fusilado...»
¿Hubiese actuado igual el enaltecido líder anarquista si el capturado hubiera sido el militante de Falange Española de las JONS Marciano Pedro Durruti Domingo, penúltimo de sus siete hermanos?
Quince años más joven que Buenaventura, Marciano Pedro, tan exaltado como su hermano, ingresó en la Falange a comienzos de 1936, trató de mediar entre José Antonio Primo de R
ivera y el propio Buenaventura y acabó fusilado por miembros de su mismo bando en 1937. Para él valdría el retrato que Pío Baroja trazó de su hermano: «Durruti era tipo para tener biografía en romance, en un pliego de literatura de cordel, con un grabado borroso en la primera página».
Marciano Pedro Durruti Domingo -no Domínguez, por más que lo pongan biógrafos de Buenaventura- había nacido en León el 6 de marzo de 1911. Para entonces su hermano Buenaventura estaba a punto de cumplir 15 años y no hacía mucho que había dejado los estudios para incorporarse al taller de Melchor Martínez, donde, como escribe Abel Paz, aprendería socialismo además del oficio de mecánico. Marciano Pedro acabaría igualmente siendo mecánico y chapista.
También como su hermano Buenaventura, empezó desde joven a militar en política. Inicialmente, en las filas del anarquismo y, seguramente, con la misma ostentación sobreactuada con que años después defendería el falangismo. En octubre de 1934, a los 23 años, y con su hermano Buenaventura ya convertido en mito anarquista, Marciano Pedro fue puesto a disposición de las autoridades militares de León por considerársele implicado en el movimiento revolucionario y significado elemento de la FAI.
DE ANARQUISTA A FALANGE
Ha sido Manuel Durruti Cubría, doctor en Ciencias Químicas por la universidad alemana de Heidelberg y sobrino de Buenaventura y Marciano, quien de verdad se ha tomado el trabajo de exhumar el perfil del hermano falangista. En su empeño de esclarecer la memoria de los Durruti al margen de filias y fobias políticas, él fue quien dio con los papeles de la causa 405/37 que condenó a la pena capital a su tío Marciano.
Al poco más de un año de la detención de 1934, Marciano ya militaba en Falange. La afiliación de un hermano de Buenaventura Durruti que, además, había pertenecido al Ateneo Obrero despertó recelo entre ciertos falangistas locales. Pese a lo cual, el joven mecánico leonés ingresó el 5 de febrero de 1936 con el aval, nada menos, que de José Antonio Primo de Rivera.
El poeta Victoriano Crémer dedica un cálido espacio a Marciano Pedro Durruti -él lo llama Pedro, a secas, y lo define como «anarco-falangista»- en su memorial El libro de San Marcos. Los dos coincidieron en la penosa cárcel leonesa de San Marcos.
En ese libro, Crémer alude a la relación de Marciano con Primo de Rivera y a un intento de mediación del falangista leonés entre su hermano y José Antonio. «Aquel Pedro Durruti, bajo y fuerte como un legionario romano», escribe Crémer, «de mirada insolente y penetrante como todos los del clan y palabra arrebatada comenzó a desplegar actividades en los distintos campos, convertido en conspirador de la fusión o de la confusión. Y fue de José Antonio a Buenaventura y de éste a Angel Pestaña [anarquista fundador del Partido Sindicalista]».
Un informe del delegado de Orden Público de León asegura que Primo de Rivera dio un cargo a Marciano Durruti en Falange Española de Madrid «por una gestión que había hecho con los anarquistas de Barcelona». En cualquier caso, no parece que los contactos fueran muy fructíferos. Como remata Crémer: «A punto estuvo [Marciano] de ser estrangulado por su propio hermano cuando le llegó con la embajada del desaforado contubernio».
Carné de miembro de Falange Española de las JONS de Marciano Durruti.El joven Durruti coincidió con Primo de Rivera en julio de 1936 en la madrileña cárcel Modelo. De allí salió Marciano por mediación de su madre, Anastasia Domingo, que, al parecer, movió importantes influencias (¿Azaña, Angel Pestaña, su propio hijo Buenaventura?).
A su vuelta de Madrid, en los primeros días del conflicto civil, buscó refugio en casa de otro de los hermanos Durruti, entonces destinado como fogonero en la reserva de locomotoras de la localidad leonesa de Busdongo. Y de allí pasó a León, donde un año más tarde se precipitaría su tragedia.
En una ciudad pequeña y de atmósfera tirando a levítica como León, un tipo vehemente como Marciano Durruti, llegado al falangismo del anarquismo, tenía las de perder. Y su alineamiento con las tesis del sucesor de Primo de Rivera, Manuel Hedilla, condenado a muerte por Franco por resistirse a la unificación de Falange Española con los tradicionalistas, sería el detonante de su condena.
IDEAS CORROSIVAS
Según el sumario del consejo de guerra celebrado contra él entre el 21 y el 22 de agosto de 1937, Marciano Durruti iba proclamando con absoluto descaro, en público y en privado, ideas corrosivas como la disolución de la Guardia Civil, la desaparición del clero, la admisión en Falange de socialistas y comunistas o la subordinación del Ejército a Falange. Incluso se recogió un informe que insinuaba que podría haber dado, o eso se decía, el fichero de Falange a la Dirección General de Seguridad republicana, debido a lo cual habrían sido fusiladas gentes de derechas por elementos marxistas.
De poco vale argüir en su descargo una nota publicada en el diario anarquista Claridad en abril de 1936: «En cuanto a la detención de un tal Marcelo [sic] Durruti en compañía de un pistolero a sueldo del fascio llamado Moldes hemos de decir que, aunque él se llama anarquista no es tal, pues los informes que de él tenemos son pésimos, y no hay más sino que nuestro querido compañero Buenaventura Durruti tiene la desgracia de ser hermano suyo, y este sinvergüenza trata de explotar el nombre limpio de su hermano, olvidando que éste le tuvo que echar de su lado».
La suerte de Marciano Pedro estaba echada y en un vertiginoso -y algo chapucero- consejo de guerra se le condenó a muerte por adhesión a la rebelión con la peculiaridad de que la pena fuese «ejecutada por individuos de la misma organización del condenado».
Marciano Pedro murió fusilado el mismo día 22 de agosto en El Ferral del Bernesga, en León. Se ignora si fue amortajado con la prenda para la que, sugiere Victoriano Crémer, su hermana Rosa habría bordado la estampilla del yugo y las flechas, en labor como sacada del Cara al sol. Enterrado en el cementerio municipal de León, Marciano Pedro Durruti no podía aspirar a un duelo multitudinario como el que Barcelona ofreció a su hermano Buenaventura, cuya muerte sigue sin esclarecerse del todo. Unos dicen que fue un accidente con su propio fusil; otros, que fue asesinado por agentes estalinistas, ejecutado entonces por gente de su mismo bando, como ocurrió con Marciano.
Fuera como fuese, Buenaventura murió el mismo 20-N de 1936 que José Antonio Primo de Rivera, ¿el mentor de Marciano Pedro? Tristes ironías, disidencias, tal vez caprichos de la Historia.

LAS CLAVES
  • EL ANARQUISTA
  • Buenaventura Durruti (1896-1936). Expulsado de UGT por su exaltada actuación en la huelga de 1917, se convirtió en el referente del anarquismo español hasta el estallido de la Guerra Civil. Murió el 20 de noviembre de 1936 en el frente de Madrid y fue enterrado entre multitudes en Barcelona.
  • EL FALANGISTA
  • Marciano Durruti (1911-1937). Tras militar en el anarquismo, se afilió a Falange en 1936 y llegó a tratar con José Antonio Primo de Rivera. Murió nueve meses después que su hermano, fusilado por miembros de su mismo bando que le consideraban radical.
  • EL PRESIDIO
  • San Marcos. Hoy famoso Hostal de Paradores Nacionales, el edificio de San Marcos, en León, fue el penal en que Marcelo Durruti pasó sus últimas horas. Allí estuvieron recluidos también Francisco de Quevedo o, más recientemente, el capitán de Infantería Juan Rodríguez Lozano, abuelo de José Luis Rodríguez Zapatero. Centenares de leoneses desafectos al golpe del 18 de julio de 1936 dieron con sus huesos allí.

    martes, 6 de noviembre de 2012

    Frontón de Anoeta. Mitin de Fuerza Nueva en 1978 (I)

    .... ETA había vuelto a matar, y se temía que no se atrevieran a acudir muchos de nuestros simpatizantes vascos por temor a posibles represalias provenientes del entorno abertzale. Ante esta razón, Piñar dio orden expresa a las delegaciones provinciales de fletar vehículos de transporte e informar a los militantes de la gran importancia de acudir todos los afiliados posibles. Pretendía conseguirse un rotundo éxito de asistencia al mitin. La respuesta de las bases resultó ejemplar y miles de personas se comprometieron a asistir. De Valencia salieron varios autocares y, junto con los del resto de provincias, sumaron una auténtica flota. Por aquel entonces, yo tenía catorce o quince años y mi familia ignoraba por completo que desde pocos meses atrás formaba parte de Fuerza Joven, las juventudes de Fuerza Nueva.

    El viaje me costó cien pesetas de entonces, el resto lo puso el partido. Así conseguían movilizar a muchos jóvenes a los actos que realizaban. Durante el trayecto entonamos canciones del Frente de Juventudes, pero instintivamente y a pesar del buen ambiente reinante en el autobús, temíamos lo que podría ocurrir tan pronto como llegáramos a nuestro destino. <>, representada por varios militantes nuestros, difundió en las jornadas anteriores al viaje un rumor: Los etarras planeaban un atentado contra los asistentes. El ambiente en nuestras filas rozaba la crispación. Algunos compañeros de viaje mostraban pistolas. -Ésta se la van a comer los putos etarras -dijo uno de ellos, mientras empuñaba un viejo pistolón que habrían desechado por anticuado en tiempos de la República. Jamás había visto hasta entonces una pistola tan cerca. Con un hilo de voz pregunté a mi compañero de asiento:

    -¿Crees que va a haber jaleo?
    -No lo creo. ¡Seguro que hay!- sentenció dándose aires de importancia-. Pero no temas, vamos preparados. Sentía pavor, si pasaba algo... ¿Qué explicación daría a mis padres? Dejé de pensar en ello, probablemente no ocurriría nada. Pero me equivoqué. Todos los autobuses provenientes de las diversas delegaciones quedaron en reagruparse antes de entrar en el País Vasco, parecía lo más seguro. El lugar elegido fue un bar de carretera con una gran explanada. Así la flota estacionaría tranquilamente y podríamos vigilarla. En el interior del bar sólo se oían exclamaciones del tipo ¡arriba España! y vivas a Cristo Rey acompañadas siempre con saludos brazo en alto al estilo fascista. Mientras tanto, cientos de personas ataviadas con camisas azules y llamativas boinas rojas cantaban de forma enardecida antiguas melodías de campamento. La edad de los presentes rondaba los veinte años, aunque abundaban sexagenarios y, sobre todo, jóvenes como yo, aún lejos de la mayoría de edad. Cerveza y alcohol corrían a mares, todos sabíamos lo cerca que nos hallábamos de nuestra meta y temíamos, aunque en el fondo ansiábamos, lo que podía aguardarnos allí. Una vez llegaron los más rezagados, proseguimos el viaje. Impresionaba ver como más de doscientos autocares en hilera escoltados por cientos de automóviles con distintivos de las regiones españolas se adentraban en Vascongadas.

    La suerte estaba echada. Los vehículos iban desplegando a su paso multitud de banderas nacionales engalanadas con el águila de San Juan y estandartes rojos y azules, el distintivo de Fuerza Nueva. Algunos coches, los menos, portaban enseñas rojinegras falangistas con el yugo y las flechas, y otros, emblemas carlistas. El ambiente parecía de lo más variopinto. El acto iba a tener lugar en un frontón de San Sebastián. Un impresionante dispositivo policial cubría toda la zona. A la entrada de la ciudad, grupos de simpatizantes abertzales lanzaron piedras y huevos contra algunos autobuses, pero la decidida actuación de nuestros militantes más avezados, hizo que desistieran de su actitud y el asunto no llegó a mayores... al menos en ese momento. El plato fuerte lo habían preparado para más tarde. Los autocares nos dejaron a las puertas del sitio elegido, y sus conductores los estacionaron en un solar cercano. Hasta donde alcanzaba la vista, únicamente divisábamos furgonetas blancas de la policía, las famosas lecheras, como todo el mundo las denominaba. Mi jefe de línea dispuso que me quedara en el exterior, en uno de las muchos puestos de propaganda y venta de artículos que instalábamos siempre. En mi mesa nos situamos media docena de jóvenes acompañados por un militante veterano; la colocamos junto a los muros exteriores del frontón, a escasos diez metros de la puerta principal del mismo. A nuestra derecha, dos o tres <> permanecían aparcadas, y multitud de agentes de uniforme nos observaban impasibles. Al poco de comenzar el mitin ocurrió. Se iniciaba el acto cuando empezaron los disparos provenientes de fincas aledañas. En un principio, en la calle, pensamos que sonaban petardos, pero los gritos de pánico del interior del local nos sacaron del error. Según supe luego, cuando Blas empezó a hablar en ese frontón sin cubierta alguna, comenzaron los tiros. Varios francotiradores proetarras apostados en las cercanías iniciaron su macabra música contra los asistentes a la concentración. Todo el mundo se tiró a tierra, pero el líder de Fuerza Nueva no se inmutó y empezó a cantar, brazo en alto, el Cara al sol. Ante esa actitud, el gentío prorrumpió en vítores y juntos entonaron el himno. En el exterior todo parecía distinto. Tan pronto nos percatamos que eran disparos, y no <> como en principio creímos, muchos jóvenes nos escondimos bajo los coches aparcados en un intento desesperado de eludir las balas que silbaban sobre nosotros. Me veía muerto y destrozado en el centro de un charco de sangre, y sólo venía a mi cabeza una idea: ¿cuál sería la actitud de mis padres si supieran que permanezco en medio de un tiroteo en San Sebastián, en vez de en casa de un amigo como les dije? No quise ni imaginármelo y rogué a todos los santos que no llegaran a enterarse jamás... si salía de ésa, claro. Ante situación tan dramática me quedé petrificado. Ocurrió una anécdota muy curiosa: cerca de nosotros se encontraba un hombre ochentón. Mostraba un paso lento y fatigado, andaba encorvado a la vez que su tez arrugada denotaba el sufrimiento de una vejez mal llevada. Llamaba mucho la atención su apariencia externa, vestía un desproporcionadamente largo y usado gabán gris repleto de insignias y medallas, la prenda casi rozaba el suelo. El anciano se hallaba comprando pegatinas de Franco en una mesa cercana.

    De pronto, cuando comenzó el tiroteo y mientras todos nos echábamos a tierra, abrió bruscamente su larga gabardina, y como si de un cowboy se tratara, sacó un enorme pistolón y comenzó a disparar a ciegas contra quienes intentaban acribillarnos. Su acción la secundaron los miembros del servicio de seguridad de Fuerza Nueva, sacando sus armas y respondiendo también a la agresión. Reinaba un auténtico caos. Por una parte los independentistas vascos disparaban sin tregua contra nosotros; desde nuestros refugios notábamos los impactos en las paredes cercanas aunque no podíamos ver a los tiradores por ningún sitio. De igual forma, gran cantidad de militantes de Fuerza Nueva y antiguos Guerrilleros de Cristo Rey repelían a tiros el ataque, y en medio del guirigay, entre estampidos y gritos entremezclados de unos y otros. El aire traía las estrofas del Cara al sol uniéndose a las estridentes sirenas de los vehículos policiales

    La muerte de José Antonio Primo de Rivera

    José Antonio era alto, guapo, moreno y con la mirada profunda que le confería el ser un jurista de primera calidad, condición aplicable a su carácter como persona. Ciertamente, pertenecía a eso que llamamos aristocracia. Pero jamás fue un aristócrata altivo y clasista. Fue un aristócrata sencillo, un aristócrata “popular”, entendiendo el término como un hombre rico que se preocupaba por las clases populares. En vez de dedicarse a derrochar su fortuna en orgiásticas experiencias o en holgazanear, decidió dedicarse por entero a España y a los españoles. En ello invirtió largas y pesadas horas, comiéndose la cabeza para encontrar la fórmula secreta que sedujera a esas clases españolas, proletariado, burguesía y aristocracia, en las que él depositaba las esperanzas para construir la España una, grande y libre que figuraba en la cosmovisión falangista.

    En el preciso momento en que José Antonio miraba su reloj eran las tres de la madrugada del 20 de noviembre de 1936. En breves horas sería ejecutado. El sueño de ver a su amada España en lo más alto de la posición mundial se iba a desvanecer. Quizá algún día, allá desde el Cielo, podría ver resurgir a España. ¡Quién podía saberlo! Las fuerzas nacionales habían fracasado en Alicante, maldecía. ¿Por qué tenía que morir? Bueno, pensaba tras la dubitación, era muy lógico que, habiendo sido asesinados millares de falangistas y de derechistas durante el decurso de la guerra e incluso antes, cayera ahora él, que era el máximo dirigente de la fuerza nacional más importante: Falange.

    Tomó la Biblia que había en la mesa de su celda, y abrió por una página al azar. Leyó: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo” Hojeó más allá, y se encontró con la sentencia: “Padre, aparta de mí este cáliz”. José Antonio, que se había mostrado muy entero en la defensa que hizo de sí mismo y de su hermano, no pudo evitar que una lágrima empezara a recorrer su mejilla, y exclamó un poco en voz alta: “Señor, el fin para mí está cerca. Aparta de mí este cáliz. Por favor, no me abandones”. Se tumbó en la cama y comenzó a escribir en una arrugada hoja de papel: “Esto toca a su fin. En unas horas estaré ya junto a Dios y su Juicio. Los ángeles con espadas estarán esperando mi llegada. Me voy sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero no espero que nadie incurra en dramatizaciones inútiles de mi muerte. Ahora mismo están luchando por los campos de España miles de falangistas dispuestos a dar su sangre por la España en la que creen y a la que yo les acerqué. Es normal, por lo tanto, que yo, que soy el líder de esos muchachos de corazón ardiente, dé mi sangre por esa España que yo traté de alcanzar en vida. Espero que las escuadras enteras de falangistas que añoran la España inmortal sirvan a su nuevo jefe, el general Francisco Franco, como lo hicieron conmigo. Mi muerte no debe significar el fin de nuestra lucha, pues mientras haya un solo falangista en España, nuestro ideal seguirá vivo y en pie. Tengo a mi lado un crucifijo que espero me ayude a superar el miedo que ahora me atenaza el corazón. Sé que habrá muchos camaradas, muchos amigos, muchos familiares que llorarán mi pérdida, pero sólo puedo decirles que no se preocupen, que en unos años (espero que muchos, porque ellos aún son útiles en el servicio de la Patria) nos veremos allá arriba, en comunión con el Altísimo que todo lo puede. Confío en que esta guerra, tan dolorosa, sirva para expulsar por fin del interior de España a los diablos marxistas y liberales, que son quienes nos han llevado a esta situación. Un abrazo para todos aquellos que pusieron su fe ciega en mí y hasta siempre, José Antonio”.
    Ya eran las 5 y media. José Antonio sacó una foto de sus padres que tenía guardada en la maleta, y besándola con cariño, dijo en voz muy baja: “En breve nos veremos, papá. Por fin podré darte un beso, mamá. No sabes lo que he sufrido por tu ausencia”.
     
    A continuación, guardó la foto y sacó una serie de cartas, que iban dirigidas a sus familiares y amigos. Las dejó sobre la mesa y las releyó despacio. Las volvió a guardar y las acompañó con una nota que ponía: “Dar a sus destinatarios”. Se peinó el poco pelo que aún perduraba en su cabeza, y volvió a recostarse sobre la cama. Rezó en silencio, en una oración que se prolongó una eternidad. Sabía que era la última vez que hablaría con Dios antes de verle. La hora había llegado.

    La voz del carcelero retumbó por el pasillo donde se apiñaban las celdas:
    - José Antonio Primo de Rivera, vístase. Es la hora.
    José Antonio se puso, en un silencio conmovedor, las zapatillas, y se echó uno de sus preciosos abrigos por encima. El carcelero, impaciente por llevar a cabo la ejecución y poder así echarse a dormir, le espetó:
    Vamos, coño, que es para hoy.

    La voz de José Antonio sonó serena para decir:
    - Como sólo se muere una vez, hay que morir con dignidad.
    Una vez que se hubo vestido, José Antonio fue conducido ante la presencia de su hermano Miguel. José Antonio, con un brillo chispeante en sus ojos saltones, dijo:
    - Hola, Miguel.
    - Hola, Jose. Bueno, creo que ha llegado la hora de despedirnos.—le respondió con voz temblorosa Miguel.
    - Sí, creo que sí. Os quiero mucho a todos, Miguel. Cuando salgas de aquí, dale un abrazo muy fuerte a todos nuestros hermanos y un beso a la tía Ma.
    Se lo daré de tu parte. Te quiero mucho, hermano—dijo Miguel con unas lágrimas aflorando en su rostro.
    - Help me die with dignity—susurró José Antonio con su persistente brillo en los ojos y una tenue flacidez en el semblante.
    - José Antonio, ruega por nosotros.
    La voz bronca del carcelero interrumpió a los dos hermanos: “Vamos, deprisa, ya es hora”
    José Antonio, que en ese momento estaba abrazándose postreramente a su hermano, fue cogido por la espalda por el carcelero y otro colega. Cuando se lo llevaban, espetó:
    Miguel, España no se rendirá. ¡¡Arriba España!!

    ¡¡Arriba España siempre, José Antonio!!—respondió Miguel conmocionado.
    José Antonio, en el pasillo, no pudo reprimirse, y con serenidad, les dijo a los guardianes una frase que ya había pronunciado en uno de sus juicios:
    - ¡Qué equivocados estáis! Vais a fusilarme a mí, que venía en vuestro amparo.
    Llegaron al patio de la cárcel. Se oían ruidos de pistolas y de granadas, olía a pólvora. José Antonio fue llevado junto a cinco personas más, tres falangistas y dos carlistas, a un rincón de la prisión. Los jóvenes falangistas quedaron impresionados al ver a su líder, allí, con su imponente abrigo, sereno, incluso con un ademán sonriente en el rostro al ver allí a sus muchachos. José Antonio, en última instancia, dijo a aquellos que se disponían a llevárselo para siempre:
    - Yo no soy vuestro enemigo. Yo soy vuestra ayuda. No tenéis que fusilarme a mí, sino a vuestros jefes. Ellos no hacen nada por vosotros. Son sólo embusteros.
    Los miembros del pelotón de fusilamiento hicieron caso omiso de las palabras de José Antonio. Éste, consciente de que era inútil cualquier intento de avenirse a razones con aquellos, les espetó:
    - ¿Son ustedes buenos tiradores?
    Los otros contestaron afirmativamente. José Antonio, cuyo abrigo le había pedido el carcelero como regalo, tomó su abrigo y lo arrojó con fuerza hacia el carcelero. A continuación, apretó con fuerza el crucifijo que llevaba en su mano izquierda. La descarga de los doce miembros del pelotón, seis anarquistas de la FAI y seis comunistas, sonó atronadora. José Antonio, en trance de muerte, exclamó antes de caer al suelo fulminado por las balas, con el brazo derecho en alto:
    ¡¡¡Arriba España!!!
    Todo había terminado. José Antonio yacía ensangrentado en el suelo. Su corazón español había sido fulminado por la acción asesina de las balas. Uno de los cerebros más privilegiados de Europa, en palabras de don Miguel de Unamuno, había muerto. Pero su asesinato no fue en vano. Su generosa sangre regó los destinos de España durante los cuarenta años siguientes, un periodo en el que España volvió a ser Una, Grande y Libre.

    lunes, 5 de noviembre de 2012

    La caída de Fuerza Nueva

    Tras el desastre del 23-F, la presión que se venía ejerciendo sobre los restos inmovilistas de la sociedad se convirtió en un acoso y derribo con todo su significado, y no sólo en el plano del ejército, sino en sus supuestos representantes en el plano civil. Todo el aparato del Estado fue a por Fuerza Nueva; Valgan dos ejemplos: el 18 de julio de 1981 se hizo todo lo posible para que FN no lo pudiera celebrar en un espacio abierto y grande un importante acto,pero no lo consiguieron y Blas Piñar llenó la Plaza de Toros de Aranjuez; pero esa osadía se la harían pagar el 20-N de ese mismo año, donde se produjeron algunos incidentes y multaron millonariamente a FN, a pesar de que ellos no convocaban el acto de la Plaza de Oriente. Hay que decir que a pesar de todo, Fuerza Nueva continuaba en la “lucha”, pero contra lo que no pudo hacer nada fue contra Fraga y el “voto útil” a Alianza Popular, que en las elecciones de 28 de octubre de 1982, literalmente arrasó a FN, que perdió 285.000 votos y la dejó en una situación insostenible.Por propia iniciativa de Blas Piñar, el partido se autodisolvía el sábado 20 de noviembre de 1982. En la cena-homenaje donde lo anunció, Piñar dejó claro que “habían sido abandonados por todos”, “que el socialismo triunfante buscaba la pronta ilegalización de FN” y sarcásticamente felicitó a Fraga por que había sido AP y no el Psoe quien había derrotado a Fuerza Nueva. La indignación y rabia de muchos sectores de ese ambiente fue manifiesta; tras conocerse la noticia esa noche el barrio de Salamanca se convirtió en una batalla campal, la gente indignada echaba toda la culpa al sistema; hubo siete detenidos tras numerosos enfrentamientos con la policía.Para el día siguiente se había prohibido el tradicional acto en la Plaza de Oriente; a pesar de ello muchos franquistas trataron de concentrarse, la policía tenía orden de cargar y así fue; hubo numerosos enfrentamientos y detenidos en los alrededores de la Plaza, después los disturbios se trasladaron a Princesa y Callao; la ingentes dotaciones de policía evitaron que se realizara el acto.Por la tarde fueron detenidos numerosos integrantes de Fuerza Joven en el barrio de Salamanca; estos estaban concentrados y distribuidos por varios puntos del barrio, en especial en California 47, respondieron con furia al ver llegar a la policía y se volvió a armar. Hasta las 22:30 la policía no recuperó el control sobre el barrio. Más de cincuenta detenciones hubo en ese fin de semana. Pese a los últimos coletazos, es evidente que la opción que representaba Fuerza Nueva fue vencida y herida de muerte aquel 20 de noviembre de 1982.

    domingo, 4 de noviembre de 2012

    Sobre Bases Autónomas

    "Bases Autónomas fue un movimiento en el que muchos patriotas participaron a principios de los 90, un verdadero movimiento antisitema. No es nostalgia, la nostalgia solo nos impide avanzar, simplemente es un tributo a un movimiento que ya forma parte de nuestra historia......"


    Con estas palabras empieza el artículo sobre las Bases, después de muchos esfuerzos para sacarlo adelante, ya que poca o ninguna información existe en la red sobre este movimiento. Lo he escrito basándome en las palabras de algunos miembros que allí milataron y en información que ellos mismos me han pasado o he recogido yo de diferentes sitios. No pretendo sentar cátedra con este artículo, todo lo contrario, es una forma de dar a conocer a todo el mundo brevemente lo que fue el movimiento patriota mas importante de España.

    El artículo debido a su extensión se dividirá en tres partes, espero que sea del agrado de todos los lectores del webzine, lo que si es seguro es que sorprenderá a propios y extraños.


    La primera parte la dedicaré a hablar sobre el inicio de la segunda época, las campañas y el fanzine A por ellos! y la distribuidora El tridente.



    INICIO DE BASES AUTÓNOMAS
    La segunda época de Bases empieza en el año 1989 al mando de Carlos Guerra y tomando símbolos como la cruz céltica y la rata negra de la primera época.En ese tiempo el movimiento basista ya era conocido en España por diversas actuaciones que protagonizaron en la década de los 80.


    La prensa les describía como ANARCONAZIS ya que en una de sus publicaciones aparecía una fotografía del conocido anarquista Durruti.Ellos se definían como un movimiento nacional revolucionario con tintes fascistas y sobre todo muy activista.Dentro de bases había gente fascista, nacional socialista y nacional revolucionaria.


    Con un grado muy alto de anti-franquismo en sus filas y contra varios partidos nacionales.Pasaron a la historia lemas tan reivindicativos como el de 20-N Vergüenza Nacional o el utilizado en la huelga de trabajadores del 1 de mayo: Caos!



    CAMPAÑAS DE LA SEGUNDA ÉPOCA

    Fueron las mas grandes hasta la fecha de cualquier movimiento en España algunas con grandes criticas y otras con mucha publicidad en la prensa por su fuerza y símbolos como la de bajo bandera de guerra y las polémicas como la dela mano blanco con una mano negra estrechándose por el tema de obiang. Sobre este tema se realizó una misa de difusión nacional pese a la oposición del sector mas juvenil y a la vez mas radical de las bases.

    En la segunda época tanto en la de Alcalá como en la universidad de Madrid se realizaron infinidad de actos con fiestas como la de SI PATXARAN y degustando vino, patxaran y jamón los basistas, siendo los mas jóvenes los que acudieron y al final cargaron contra los comunistas saliendo estos últimos a la carrera sin prestar ningún tipo de oposición.
    Durante los meses siguientes ocurrieron numerosos ataques a los locales de comunistas por lo que fueron detenidos varios jefes de la universidad de los sindicatos afines a las bases.


     
    A POR ELLOS!! LA VOZ DE LAS BASES AUTÓNOMAS
    Fue una de las publicaciones mas controvertidas de las Bases, su estética era similar a la de un fanzine o una revista y en ella se encontraban páginas de humor, artículos de opinión política,imágenes y campañas sobre los militantes.


    Utilizaba de icono la famosa rata negra como en muchas otras campañas de Bases,copiada de la revista francesa GUD y que, casualidades de la vida, años mas tarde sería utilizada también por las Juventudes Nacional Revolucionarias (JNR)

    El A por ellos! contó con una tirada bastante extensa de ejemplares de regularidad mensual y una de las formas de propaganda política de bases desde el año 1989 que apareció el primer número hasta el año 1995 que terminó su publicación al desaparecer también el movimiento basista.

    Compartió escena con otras publicaciones como: Agitación y La peste negra. La revista tubo dos fases y en una de ellas se combinó su publicación con el del periódico basista llamado: El porvenir; también de periodicidad mensual.


    La revista se vendía en tiendas de la capital y por correo



    EL TRIDENTE: DISTRIBUIDORA NACIONAL

    Tridente era una distribuidora pequeña con diverso material desde pins, libros......algunos tipos de camisetas pero de pequeña envergadura. Disponían de música mas centrada en los años 80-70 de grupos nacionalistas casi todo de bandas italianas las cuales influenciaban mucho a Bases como su ideario político.


    CONTINUARÁ....

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